Hoy celebramos el Cuarto Domingo de Cuaresma, “Domingo Laetare”: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
- Santuario San Judas Tadeo

- hace 2 horas
- 3 Min. de lectura
15 de marzo

Hoy 15 de marzo, la Iglesia Católica celebra el IV Domingo de Cuaresma, el llamado ‘Domingo Laetare’ cuyo nombre proviene de las primeras palabras del Introito de la Misa, ‘Laetare Jerusalem’ –¡Alégrate, oh, Jerusalén!–.
Este domingo es ocasión para hacer un alto y tomar conciencia de que hemos llegado a la segunda mitad de la Cuaresma, lo que significa que hemos avanzado un buen trecho en el camino penitencial rumbo a la Pascua. Si bien aún no es propicio celebrar completamente, sí es momento de aferrarnos muy fuerte a la misericordia divina, que se ha hecho bálsamo
que alivia el espíritu y llena de esperanza al pecador.
¡Alégrate, oh, Jerusalén!
La lectura del Evangelio de hoy está tomada de San Juan (Juan 9, 1-41) y en ella Jesús obra un milagro que desconcierta a propios y extraños: cura a un ciego de nacimiento.
Jesús que va por el camino junto a sus discípulos pasan cerca a donde se encuentra un ciego de nacimiento. Los discípulos quieren saber si la condición de aquel hombre es consecuencia del pecado. El Señor niega que el pecado sea la causa de la ceguera, sino que Dios habrá de manifestar la grandeza de sus obras en él. Luego se acerca al pobre hombre y lo cura haciendo lodo con saliva, poniéndosela en los ojos y enviándolo a lavarse a la piscina de Siloé. Tras cumplir con lo indicado, el ciego recupera la vista.
Entonces se produce una gran controversia: los acontecimientos se produjeron en sábado. Los fariseos, contra lo que enseña Jesús, no le dan crédito ni al ciego ni a sus padres a quienes consideran grandes pecadores. Algunos dudan de Jesús por no respetar el sábado, mientras otros se preguntan cómo un pecador podría hacer tal milagro. El hombre que ahora puede ver defiende con firmeza que Jesús viene de Dios, ya que le devolvió la vista.
Más tarde, Jesús lo encuentra de nuevo y se revela ante él como el Hijo del hombre. El hombre cree y lo adora. Jesús afirma entonces que ha venido “para que los ciegos vean” y quienes creen ver reconozcan su ceguera espiritual – quien cree que no tiene pecado se condena a permanecer en él– .
¡Los ciegos ven!
Jesús obra el milagro de arrancarnos de la oscuridad para llevarnos ante su luz admirable. Ese “tránsito” es parte nuclear del espíritu de la Cuaresma.
Dice el Papa León XIV: “La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera… “
Oración para el Cuarto Domingo de Cuaresma.
Señor mío, si yo creo verdaderamente en Ti, mi vida debe girar en torno a tu Palabra. Debo estar cargado de fe, de amor, de esperanzas alegres aún en medio de mis situaciones más difíciles. Entendiendo tu sacrificio de amor manifestado en la Cruz, seré capaz de comprender todo tu poder sanador y la grandeza que encierran tus promesas
Oh, mi Dios, te pido que abras mis ojos a tu luz, a tu Verdad y tu justicia. Abre mis oidos a tu Palabra. Abre mis brazos a la caridad y mi boca para alabarte siempre. No quiero jamás apartarme de Ti, pues Tú eres el dador de cosas buenas. Cuando veo tu grandeza, solo veo mi pequeñez y, ademas, tambien veo el inmenso fuego con el que me quemas por dentro y pones a funcionar mi corazón.
Hoy muchos te dan la espalda, Señor, prefieren las tinieblas a la luz, muchos te rechazan y te condenan, pero Tú nos sigues amando, nos sigues esperando. Oh Padre, tanto has amado a este mundo que quisiste entregar a tu único Hijo para darnos el regalo inmerecido de la Vida Eterna. Te pido que me des sabiduría para dar solo buenos consejos con palabras de esperanza y consuelo. Que los demás puedan ser irradiados con tu luz a través de mí.
Señor, acepto tu invitación a seguirte. Dame fuerzas para luchar y dejar de lado las distracciones del mundo y volver la mirada hacia tu amor que todo lo completa. Te entrego todo de mí. Confío en tu amor que me guía.
Que la fuerza de tu voz resuene en mis adentros y nunca pierda la luz de tu estrella.
Amén.
.png)



_PNG.png)
Gloria a ti Señor Jesus