Santoral del día
- Santuario San Judas Tadeo

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12 de mayo
San Nereo y Aquileo, mártires en la vía Ardeatina

El martirio de estos dos soldados romanos ha pasado a la historia gracias a que el Papa San Dámaso escribió un epígrafe en su honor en el siglo IV. De ese modo, nos reveló su identidad y transmitió hasta nuestros días el reconocimiento del doloroso sacrificio de sus vidas.
Flavia Domitila
Estos dos personajes estaban al servicio de Flavia Domitila, una de las primeras señoras de Roma. El historiador Eusebio dice que esta noble dama era sobrina del Emperador Domiciano y que el tal mandatario la envió al destierro, porque ella se había declarado seguidora de Jesucristo.
Con Domitila fueron enviados también al destierro San Nereo y San Aquileo, porque proclamaban su fe en el Divino Redentor. Afirma San Jerónimo que el destierro fue tan cruel y tan largo que les sirvió de martirio.
La conversión, la gran obra de la gloria de Cristo
Nereo y Aquileo son pretorianos, es decir, guardias militares romanos que tenían la tarea especial de proteger de cerca al emperador. En este caso probablemente a Diocleciano, el tirano a cuyas manos murieron unos años después. Sí, porque en un cierto punto, cansados de cumplir las órdenes de muerte y de obedecer sólo por temor a las consecuencias, son iluminados por la gloria de Dios y finalmente abren los ojos. Es entonces cuando desertan y abandonan sus escudos, sus armaduras y sus lanzas manchadas de sangre.
Proclamaron su amor y su fe
El emperador mandó que les cortaran la cabeza y así tuvieron el honor de derramar su sangre por proclamar su fe.
El Papa San Dámaso escribió la siguiente inscripción en la tumba de estos dos mártires: "Nereo y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero se negaron a cumplir ciertas órdenes que a ellos les parecían crueles. Al convertirse al cristianismo abandonaron toda violencia y prefirieron tener que abandonar el ejército antes que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo en esta tierra y ahora gozan de la amistad de Cristo en la eternidad".
El bajo relieve que representa a San Aquileo al ser golpeado por el verdugo, se considera como la más antigua representación que se ha encontrado, acerca del martirio de un cristiano.
El traslado de las reliquias, entre leyenda y realidad
No se sabe mucho sobre la muerte de estos dos mártires, excepto que ocurrió por decapitación alrededor del 304, precisamente bajo el imperio de Diocleciano. Fueron honrados como santos inmediatamente, en una basílica paleocristiana en las Termas o Baños de Caracalla. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Domitila sobre la Vía Ardeatina, y por tal motivo se difundió la leyenda de que su martirio estaba vinculado al martirio de Domitila, sobrina de Domiciano. Su memoria litúrgica coincide con el día del traslado de sus reliquias.
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