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Santoral del día

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    Santuario San Judas Tadeo
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Actualizado: hace 16 horas

24 de abril


San Fidel de Sigmaringa

"Si me matan, aceptaré gustosamente la muerte por amor a Nuestro Señor. Lo consideraré una gran gracia ".

San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir, el cual, siendo abogado, decidió entrar en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, llevando una vida observante de vigilias y oraciones. Asiduo en la predicación de la Palabra de Dios, fue enviado a la región de Recia para consolidar la verdadera doctrina, y en Sevis, de Suiza, fue martirizado por los herejes a causa de la fe católica († 1622).

El futuro fraile Fidel

Mark Reyd, el futuro fraile Fidel, nació en 1577 en la familia burgomaestre de su ciudad. Es el más talentoso de los hermanos y por eso su padre lo hace estudiar. En 1604, un noble le confió la instrucción de algunos niños, entre los cuales sus propios hijos, y con estos niños, Mark inventa una especie de escuela itinerante entre Italia, España y Francia. Regresará a su hogar solo seis años después para graduarse en derecho y convertirse en el abogado de todos aquellos que no podían pagar uno.

De abogado para los pobres a fraile.

Como abogado, Fidel se dedicó a defender gratuitamente a los pobres que no tenían con qué costearse un defensor. Su generosidad era tan grande que la gente lo llamaba "El abogado de los pobres". Ya desde muy joven renunciaba a conseguir y estrenar trajes nuevos y el dinero que con eso ahorraba lo repartía entre las gentes más necesitadas. Jamás en su vida de estudiante ni en sus años de profesional tomó licor, ni nadie lo vio en reuniones mundanas o que ofrecieran peligro para la virtud. Sus compañeros de abogacía se admiraban de que este sabio doctor nunca empleaba palabras ofensivas en los pleitos que sostenía (y sus contrarios sí las usaban y muy terribles).

Un día el abogado contrario a un pleito, le ofreció en secreto una gran cantidad de dinero, con tal de que arreglaran los dos en privado y se le diera la victoria al rico que había cometido la injusticia. Fidel se quedó aterrado al constatar lo fácil que es para un abogado el prestarse a trampas y vender su alma a Satanás por unas monedas como lo hizo Judas. Y dispuso dejar la abogacía y entrar de religioso capuchino.

A los 34 años sorprende a todos y pide ser ordenado sacerdote. Pero quiere más: ingresa con los capuchinos de Friburgo, la orden religiosa que vive más rígidamente el espíritu franciscano original. Aquí cambia el nombre Mark por Fidel y comienza a vivir una vida de ayuno, penitencia y vigilias de oración. Como fraile, ocupó diversos cargos, estudió teología y se convirtió en guardián del convento de Weltkirchen, donde fue admirado por su valentía para atender a los enfermos durante la epidemia de peste. Pero, entre los fieles, el fraile Fidel es mejor reconocido como predicador pues con sus palabras siempre fuertes y ancladas a la Palabra, obtiene numerosas conversiones combatiendo contra las herejías. Sus discursos son simples y directos, entendibles por escritores y campesinos, pero sobre todo acompañados por el ejemplo de una vida orientada a la santidad.

Dividió sus importantes riquezas en dos partes: la mitad la repartió a los pobres, y la otra mitad la dio al Sr. Obispo para que hiciera un fondo para costear los estudios a seminaristas pobres.

Con razón le pusieron después esta leyenda debajo de su retrato:

¡Santo es Fidel, y fue abogado!,

Obra del poder Divino.

Mucho le costó ser capuchino

y morir después martirizado.

Habiendo sido tan rico y tan lleno de comodidades se fue a vivir como el más humilde y pobre fraile capuchino. Le pedía constantemente a Dios que lo librara de la tibieza (ese vicio que lo hace a uno vivir sin fervor, ni frío ni caliente, descuidado en sus deberes religiosos y flojo para hacer obras buenas) y le suplicaba a Nuestro Señor que no lo dejara perder el tiempo en inutilidades y que lo empleara hasta lo máximo en propagar el Reino de Dios. Le gustaba repetir la famosa frase de San Bernardo: "Sería una vergüenza que habiendo sido coronado de espinas mi Capitán Jesucristo, en cambio yo que soy su soldado, viviera entre comodidades y sin hacer sacrificios".

La misión en la Suiza calvinista.

La voz del fraile Fidel es tan cristalina que se le confía una tarea delicada: ir a predicar en Rezia, una región que incluye el actual cantón suizo de los Grisones, el Tirol y parte de Baviera. Aquí, durante algunos años, había echado raíces el calvinismo, una doctrina similar a la Reforma Protestante, encabezada por el teólogo francés Giovanni Calvino. Las luchas entre calvinistas y católicos eran ya algo cotidiano y un fraile que predicaba el regreso a la fe de los padres difícilmente era bien visto. Un día, incluso durante la misa, alguien le dispara, pero no se desanima y continúa su misión. Incluso si él sabe que sus días están contados.

En la ceremonia con la cual lo despedían solemnemente al empezar su viaje hacia Suiza, Fidel dijo en un sermón: "Presiento que voy a ser asesinado, pero si me matan, aceptaré con alegría la muerte por amor a Jesucristo y la consideraré como una enorme gracia y una preferencia de Nuestro Señor.

Pocos días antes de ser martirizado, al escribir una carta a su lejano superior, terminaba así su escrito: "Su amigo Fidel que muy pronto será pasto de gusanos".

Fiel hasta el final, como su nombre.

El 24 de abril de 1622, el fraile Fidel acepta la invitación de los calvinistas de ir a predicar a Séwis. Él no sabe que es una trampa. Las peleas comienzan, pero él continúa, quiere completar su sermón. Veinte soldados armados lo rodean cuando abandona la iglesia y le ordenan que reniegue lo que acaba de decir, pero él no acepta tal cosa. Golpeado en la cabeza, es todavía traspasado con la espada, y apenas tiene tiempo para perdonar a sus asesinos. Fiel hasta la muerte, como su nombre lo indicaba. Cuando el maestro de novicios se lo impuso, había citado algunas palabras del Apocalipsis, que resultaron ser proféticas: "Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida". Todo parece haber terminado allí, pero no lo fue así, porque como sucede a menudo, la sangre de los mártires fecunda la tierra y, por lo tanto, la muerte del fraile Fidel consigue una rápida reconciliación entre católicos y calvinistas y el regreso de muchos a la fe de los padres.

El Papa Benedicto XIV lo declaró santo en 1746.

San Fidel mártir: te encomendamos nuestros países tan plagados de ideas ajenas al Evangelio que le van quitando la devoción a nuestra gente y la van llevando al indiferentismo y a la herejía. Haz que a ejemplo tuyo se levanten por todas partes apóstoles Católicos valerosos y santos que prevengan al pueblo y no lo dejen caer en las garras de lobos que asaltan al verdadero rebaño del Señor.

Si el grano de trigo cae a tierra y muere, produce mucho fruto. (Jesucristo).

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