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Lectura del día

  • Foto del escritor: Santuario San Judas Tadeo
    Santuario San Judas Tadeo
  • hace 4 minutos
  • 2 min de lectura

6 de julio



PRIMERA LECTURA


Yo te desposaré conmigo para siempre.

Del libro del profeta Oseas: 2, 16. 17-18. 21-22


Esto dice el Señor: “Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto y le hablaré al corazón. Ella me responderá allá, como cuando era joven, como el día en que salió de Egipto. Aquel día, palabra del Señor, ella me llamará ‘Esposo mío’, y no me volverá a decir ‘Baal mío’.

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre. Nos uniremos en la justicia y la rectitud, en el amor constante y la ternura; yo te desposaré en la fidelidad y entonces tú conocerás al Señor”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 144

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

∙ Un día tras otro, Señor, bendeciré tu nombre 

y no cesará mi boca de alabarte. 

Muy digno de alabanza es el Señor, 

por ser su grandeza incalculable. R.

∙ Cada generación a la que sigue 

anunciará tus obras y proezas. 

Se hablará de tus hechos portentosos, 

del glorioso esplendor de tu grandeza. R.

∙ Alabarán tus maravillosos prodigios 

y contarán tus grandes acciones; 

difundirán la memoria de tu inmensa bondad 

y aclamarán tus victorias. R.

∙ El Señor es compasivo y misericordioso, 

lento para enojarse y generoso para perdonar. 

Bueno es el Señor para con todos 

y su amor se extiende a todas sus creaturas. R.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO. Cfr. 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya.

Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. R.


EVANGELIO


Mi hija acaba de morir; pero ven tú y volverá a vivir.

Del santo Evangelio según san Mateo: 9, 18-26


En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

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