Hoy celebramos el Segundo Domingo de Cuaresma: “Éste es mi Hijo muy amado; escúchenlo”
- Santuario San Judas Tadeo

- hace 4 días
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1 de marzo

El Papa León XIV en su Mensaje para la Cuaresma subraya la importancia de la escucha: “Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”. Escuchemos a Jesús y establezcamos una relación personal con él durante la Cuaresma. Así, seremos capaces de estar atentos a la realidad: “Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él”. Sí, porque Dios es un Dios que también escucha, que está atento a la voz de sus hijos.
Oración para el segundo Domingo de Cuaresma.
Padre amado y lleno de misericordia, Tú llenas de paz a mi vida, me has hablado y me sigues hablando hoy en todos los momentos que me toca vivir y en cada acto de caridad que puedo apreciar. Muchos son los ruidos y distracciones del mundo que me desorientan y quieren apartar mi corazón de tus milagros. Ayúdame a reconocer tu luz en cada situación de mi vida.
Quiero experimentar tu amor que todo lo sana, que todo lo transtigura, ese amor que sana todas las heridas, que cierra toda cicatriz y da fuerzas para vencer todo pecado y mal habito que quiera atarme un mundo de dolor. Tu amor es más grande que cualquiera de mis sufrimientos, tu perdón es más grande que todas mis faltas y tu gracia es más reconfortante que mis continuas traiciones a tu divinidad.
Quiero reconciliarme con tu gracia y que vengas con todo tu poder y transfigures mi alma y mi corazón para vivir lleno de alegría y hacerme sentir amado en tu presencia gloriosa.
Ya no me quiero sentir perdido, por eso, te abro mi corazón, quiero dejarme transformar por tu poderosa presencia y convertirme en un luchador incansable que tiene por bandera la esperanza y la humildad.
Te entrego toda mi voluntad, muévela y dirigela con la luz incandescente del sacrificio divino de tu amor, con el ardor del fuego de tu Espíritu Santo. Ayúdame a encontrar caminos llenos de paz. Líbrame de toda angustia y hazme vivir confiado bajo tu protección y amparo. Me confío a Ti, a tu divina providencia, a tu amor infinito. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
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