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Santoral de día

  • Foto del escritor: Santuario San Judas Tadeo
    Santuario San Judas Tadeo
  • 28 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

28 de diciembre


Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José


Este día de fiesta se honra a Jesús, a la Santísima Madre y a San José como la familia más sagrada, y por lo tanto un modelo para todas las familias cristianas. Eran santos porque colocaban a Dios en el centro de su vida familiar, se amaban y sacrificaban el uno por el otro, e irradiaban ese amor a los demás en la misión redentora de la Palabra Encarnada.

El Papa San Juan Pablo II dijo: "El Redentor del mundo eligió a la familia como lugar para su nacimiento y crecimiento, santificando así esta institución fundamental de toda sociedad" (mensaje de Ángelus, 30 de diciembre de 2001).

La Iglesia nos invita a contemplar a José, María y al Niño Jesús como modelos para la vida cotidiana. Los tres juntos, desde un principio, tuvieron que enfrentar peligros, carencias y dificultades. No obstante, la presencia de Dios en medio de ellos fortaleció el amor del uno al otro de tal manera que lograron salir siempre adelante.

Como familia santa -Jesús, María y José- son reflejo de la Trinidad, y cenáculo en el que se comparte el Amor verdadero.

Luz de esperanza para las familias de hoy

La fiesta de la Sagrada Familia, que se celebra dentro de la Octava de Navidad, es una invitación a profundizar en el sentido del amor familiar, para luego examinar la propia situación del hogar y buscar los medios adecuados para que cada integrante, papá, mamá e hijos, se asemeje cada vez más a las personas que integran la ‘Familia de Nazaret’. En muchos casos hay ausencias o carencias dentro de una familia, pero eso no quiere decir que la Sagrada Familia deje de ser fuente de inspiración y modelo de amor. Todos estamos o venimos de una familia.

Hay peligros que hoy acechan a la familia como institución humana querida por Dios. Se debe estar alerta. La vida familiar no puede reducirse a los problemas, las dificultades, los desencuentros. Estas cosas suelen brotar a causa de nuestras fragilidades e imperfecciones, que deben ser tomadas como lo que son: asuntos que pueden ser vencidos con amor, comprensión y perdón. Para ello siempre debemos contar con la gracia de Dios.

“Estad vigilantes” (Mc 13, 33ss)

Las dificultades mal asumidas, no enfrentadas o resueltas, ensombrecen los valores trascendentes; y se presenta el riesgo de olvidar lo fundamental. ¡Cambiemos de dirección! Tengamos presente que la familia es signo del ‘diálogo’ entre Dios y el hombre y, que por lo tanto, sus miembros -padres e hijos- deben estar abiertos siempre al encuentro con quien sostiene la vida familiar: Dios. Esa apertura debe vivirse también con la Palabra de Dios y con lo que enseña la Iglesia con respecto al matrimonio y la familia. Se trata de saber escuchar al otro, y respetar su libertad. No se puede prescindir jamás de la oración familiar, porque esta sella y fortalece el vínculo entre los miembros.

San Juan Pablo II -el gran promotor de las Jornadas Mundiales de la Familia- recomendaba mucho el rezo del Santo Rosario en familia, y repetía constantemente una frase que debe ser lema para todos y meta a la vez: “Familia que reza unida, permanece unida”.

Oración

Sagrada Familia de Nazaret; enséñanos el recogimiento, la interioridad; danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones y las palabras de los verdaderos maestros.

Enséñanos la necesidad del trabajo de reparación, del estudio, de la vida interior personal, de la oración, que sólo Dios ve en los secreto; enséñanos lo que es la familia, su comunión de amor, su belleza simple y austera, su carácter sagrado e inviolable. Amén


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