Hoy celebramos el Sexto Domingo de Pascua: “No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes”
- Santuario San Judas Tadeo

- 10 may
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10 de mayo

Hoy, 10 de mayo, la Iglesia celebra el Sexto Domingo de Pascua. Han pasado cinco semanas desde el gran domingo en que celebramos la Resurrección del Señor y empezamos el tramo final de la ‘Cincuentena’ pascual.
En esta ocasión la Iglesia nos invita a profundizar en el don de la fe y en la esperanza en las promesas de Dios.
El domingo pasado meditamos en lo que ha mostrado Jesús, que no es a otro sino al Padre, y que ha llegado el tiempo en el que debe regresar a Él. Jesús vuelve al Padre; sin embargo, no hay razón para temer: ha de llegar el Paráclito, el Consolador, el Espíritu Santo, quien nos lo mostrará todo. La paz permanecerá en nosotros, pues así lo afirmó Jesús en la última cena: «Les dejo la paz, les doy mi paz» (Jn 14, 27).
Hoy, el coro del Salmo Responsorial canta: “Las obras del Señor son admirables. Aleluya”. Y escuchamos la voz de Jesús que nos dice: “No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes”. Consecuentemente, confiemos en Cristo y anunciemos al mundo el porqué de nuestra alegría.
Que a cada día de esta semana no le falte un ¡Aleluya!
VI Domingo de Pascua: “No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes”
La lectura del Evangelio está tomada del relato de San Juan (Juan 14, 15-21), quien prosigue el recuento de los dichos de Jesús que constituyen su legado más íntimo, entregado a sus apóstoles; y que gracias al discípulo amado podemos conocer con una precisión y profundidad inigualables.
Jesús enseña que amarle implica cumplir sus mandamientos. Promete enviar el Espíritu Santo –el Consolador– , que permanecerá con sus discípulos y vivirá en ellos. Les asegura que no los abandonará jamás y que, aunque el mundo no lo verá, ellos sí lo experimentarán porque Él vive. Finalmente, afirma que quien lo ama será amado por el Padre, y Él mismo se dará a conocer a cada uno, y a través de sus discípulos a otros muchos.
El Papa Benedicto XVI reflexionaba en torno al pasaje del Evangelio de hoy: «"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad" (Jn 14, 15-17). Con estas palabras Jesús revela la profunda relación que existe entre la fe y la profesión de la Verdad divina, entre la fe y la entrega a Jesucristo en el amor, entre la fe y la práctica de una vida inspirada en los mandamientos. Estas tres dimensiones de la fe son fruto de la acción del Espíritu Santo… Si confiamos en Cristo no perdemos nada, sino que lo ganamos todo»
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