Hoy celebramos el Quinto Domingo de Cuaresma: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”
- Santuario San Judas Tadeo

- 22 mar
- 2 min de lectura

En este quinto Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos llama a reflexionar en el hecho de que Jesús es la resurrección y la vida. La resurrección de Lázaro es un acontecimiento extraordinario en el ministerio de predicación de Jesús. Él nos revela que su poder va más alla de esta vida. Es un ejemplo del poder de Dios para vencer a la muerte y traer una nueva vida llena de esperanza, incluso en las circunstancias más desesperadas. En este sentido, la historia de la resurrección de Lázaro puede considerarse un símbolo de esperanza у un recordatorio de que siempre existe la posibilidad de redención y renovación, por difícil que parezca nuestra situación.
Oración para el Quinto Domingo de Cuaresma.
Nos encomendamos al poder de Dios y permitimos que nos levante y nos resucite a una nueva vida. Recemos en familia la oración del quinto Domingo de Cuaresma.
Dios, Señor nuestro, con un corazón humilde, nos presentamos ante Ti y nos rendimos a tu soberanía para agradecerte por tu presencia y pedirte que nos cobijes bajo el amparo de tu misericordia, porque Tú no desprecias a un corazón arrepentido. Tú sabes lo que necesitamos para alcanzar la felicidad, la paz y la vida eterna, conoces las luchas que hay en nuestros corazones, pues allí también habitan las sombras espesas de nuestras vanidades, indiferencia y nuestras inclinaciones naturales por ir tras lo pasajero y terrenal.
Te rogamos, querido Señor, que les des claridad a nuestras vidas, sencillez a nuestro espíritu y astucia a nuestras mentes, para saber escoger las mejores opciones de vida, esas que solo nos llevan a experimentar tu amor y tu bondad.
Tú eres la resurrección y la vida, quien nos levanta de esas sepulturas en la que hemos estado debido a una vida sin ti. Ponemos nuestra fe en el poder de tu divinidad.
Confiamos en tu propuesta de eternidad, en que si creemos verdaderamente en Ti, resucitaremos a una vida alejada del sufrimiento y de las mortificaciones, porque solo Tú eres el camino, la verdad y la vida.
Solo Tú, Divino Maestro, nos regalas tan dulce amor, no nos abandonas, sales siempre en nuestra defensa y nos fortaleces en la debilidad. No nos condenas cuando caemos, sino que nos impulsas y nos animas a salir adelante.
Ven, Señor, llénanos de tus bendiciones para contar con la fuerza necesaria para seguir
creciendo en tu dirección. Asístenos con tu mano poderosa y ayúdanos a serte fiel en lo mucho y en lo poco, en nuestras tristezas y alegrías. Amén.
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